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David Rodriguez
Buenos Aires - Argentina
Soy aficionado a la literatura. Cuentos, novelas, poesía. Autores preferidos : Kafka, Camus, Cortazar, Borges, Me gusta mucho el cine. Por otra parte soy músico y Lic. en Economia.
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Últimos comentarios de este Blog

03/07/14 | 18:45: Claudia Prieto (blog alas poéticas) dice:
Muy hermoso el cuento. Final muy ingenioso. Muy bueno.
24/09/12 | 11:24: Claudia Prieto (blog alas poéticas) dice:
Muy bueno el poema.
10/09/12 | 07:27: Elena A. Navarro (Falta tiempo para tanto decir) dice:
Exelente poema muy bello para todos los sentidos. Saludos Elena
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Resulta que una vez



Resulta que una vez

 

Un buen día Juan contemplaba un árbol de manzanas.

Verdes frutos pendían y danzaban al ritmo del invisible viento que en breves ráfagas hacía notar su presencia.

Miró una en particular, y la deseó. La deseó de un modo abrumador, con codicia y esa sensación de posesión que acompaña al deseo.

Con necesidad impostergable, alzó su mano para arrebatarla, ansioso por frotarla en su camisa, olerla y comérsela.

Pero sin más, la manzana se lo comió a él.

Al instante, Juan se sintió suspendido en una rama. Miraba absorto como, cerca de él se movían frutos similares.

Luego de un par de horas, caminaba por el lugar otro hombre, que se detuvo, con la intención de tomar la apetitosa fruta del mismo árbol.

Se quedó observando para escoger la que suponía por apariencia la más sabrosa. Estiró su mano para arrancarla , pero el deseado manjar lo arrancó a él del sitio donde estaba parado y lo transformó en manzana.  Lo mismo, en su momento, me ocurrió a mi.

Pasaron los días, las noches. El agua refrescaba nuestro rostro verdoso, nuestros cuerpos redondos con una suave llovizna.

Primero fue en el árbol que yo habitaba, y luego en todo el valle : a medida que hombres y mujeres se paraban para saborear la fruta, se transformaban instantáneamente en manzanas.

Así se fue extendiendo y el mundo entero estaba poblado de una sola especie, la manzana.

Solo existían manzanas. Sin hombres, sin mujeres. Todo aquel que se había acercado había mutado en ese fruto.

Pasaron milenios. Y el mal que aquejaba al mundo : el absurdo, mostró su cara visible: el aburrimiento. Fue así que un buen día el cielo se volvió rojo, cayeron cenizas doradas, como reliquias del universo y un rayo celeste abrió un surco extenso donde se podía ver correr, luego de tanto tiempo a un hombre y a una mujer.

Detrás de ellos, persiguiéndoles, un anciano con larga barba blanca los llamaba : ¡ espera Adán ¡ ¡ espera Eva ¡  Los jóvenes desoían el llamado y ya cansados se sentaron en la base del tronco de casi 2 metros de altura donde casualmente pendía yo de una de sus ramas. Desde allí los podía ver perfectamente bien. Estaban absolutamente desnudos y se acariciaban y besaban. Desde lejos se seguía escuchando la voz del anciano ¡ no lo hagan ¡ ¡ no lo hagan ¡

Ellos dos, Eva y Adán, no lo escucharon , Adán alzó su mano y tomó el fruto y ese fruto se transformó en hombre. Igual hizo Eva, ocurriendo lo mismo, pero ahora esa fruta se había transformado en mujer. Esa nueva pareja volvió a tomar frutos de otro árbol y mas hombres y mujeres comenzaban a recrearse. Cada vez menos manzanas, cada vez mas seres humanos.

El hombre de la barba blanca, que se hacía llamar Dios quedó perplejo. Desde lejos vociferaba  “ ¡ Adán, Eva ¡ deseaba para ustedes que disfrutaran de una vida inacabable en el lugar mas hermoso que jamás se conociera, rodeados de manzanos, pero no oyeron lo único que les pedí que no hicieran, la tentación pudo más y ahora los condeno a vivir en un mundo donde el misterio será su mayor castigo. “

Al rato, una multitud corría a pedradas al encorvado anciano de barba, quien huía desencantado.

El cielo volvió al color que mis ojos reconocían, digo, nuevamente. El sol con orgullo se mostró plenamente  y de manera fraternal entibió a todos.

Allí quedaron entonces, colgadas brillantes y rozagantes las verdaderas manzanas y andando sin preocupaciones los verdaderos hombres y mujeres.

Se los podía ver, me podía ver, transitar feliz por las colinas y las llanuras. Algunos, como yo, cargábamos en una mano un cesto de misterio y en la otra uno de esperanza.

Este proceso de transformación se repitió por siglos, de manzanas a seres humanos y viceversa.

Hoy, ahora, vaya a saber en que fase, en que ciclo me encuentro, estoy descansando y saboreando una manzana jugosa y dulce, mientras vuelvo a leer la teoría del Big Bang que tanto me entusiasma.

 


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
26/02/10 | 13:06: Victoria Alcorta dice:
Muy bueno David!! Original, y atractivamente redactado. Me gusto mucho..
raysa1960@hotmail.com
 
25/02/10 | 22:59: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
¡¡Buenisimo David!!me encanto y soy una ferviente admiradora del big bang cuando hice el bachillerato de adultos ese tema me sirvio para aprobar geografia parece que a nadie le gustaba y uno de los profesores se copo y me aprobo, ahora tengo miedo de comerme una manzana y si deaparezco y no me encuentran? ja ja un saludito y que lindo volverte a leer
rojas.stellamaris@yahoo.com.ar
 
25/02/10 | 22:52: neco tapera dice:
Hola David, me gusto mucho tu relato, voy a leer tus entradas anteriores para ver con que me encuentro, esta fué un agradable encuento. Saludos, Neco
necoperata@yahoo.com.ar
 
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