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David Rodriguez
Buenos Aires - Argentina
Soy aficionado a la literatura. Cuentos, novelas, poesía. Autores preferidos : Kafka, Camus, Cortazar, Borges, Me gusta mucho el cine. Por otra parte soy músico y Lic. en Economia.
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Últimos comentarios de este Blog

03/07/14 | 18:45: Claudia Prieto (blog alas poéticas) dice:
Muy hermoso el cuento. Final muy ingenioso. Muy bueno.
24/09/12 | 11:24: Claudia Prieto (blog alas poéticas) dice:
Muy bueno el poema.
10/09/12 | 07:27: Elena A. Navarro (Falta tiempo para tanto decir) dice:
Exelente poema muy bello para todos los sentidos. Saludos Elena
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Destino burlado



Un encadenamiento de sucesos hasta el fin de Babilonia-Profecia V 

 

Aquella mañana se había retasado.

Ya estaba listo para salir a realizar sus tareas del día pero se quedó mirando por la ventana que daba a la calle.

Las hileras de automóviles estacionados en la acera parecían perfectamente alineadas. El asfalto mostraba una tonalidad particular, color gris azulado.

Un cielo celeste hacía gala de admirables trazos blancos, y por el este el sol se asomaba tímidamente.

Fueron tres, tal vez cinco segundos que permaneció allí, mirando.

Su mano giró hacia la izquierda, la llave hizo click, y la puerta se abrió, saliendo pausadamente de su departamento.

Cerró con doble vuelta, acomodó su sobretodo y caminó por el pequeño pasillo del sexto piso hasta el ascensor.

Posó su mirada en el botón y dedujo que se estaba utilizando. Su dedo apretó, vaya a saber porque, tres veces, como si ese hecho influiría en la rapidez del desplazamiento.

Al poco tiempo el ascensor hizo su particular ruido y llegó a su piso.

Con su mano  libre abrió las puertas y subió.

Apoyó el maletín en el piso, pulso Planta baja y el movimiento breve hacia los costados indicó que iniciaba la marcha hacia abajo.

Mientras era trasladado se miró en el espejo del costado derecho, acomodó su corbata azul a rayas rojas y sin más ya había llegado a destino.

Antes de salir del ascensor volvió a tomar el maletín, esta vez con la otra mano. Cerró, liberando el habitáculo y se dirigió hacia la salida.

Caminó unos pasos a ritmo lento, sorprendiéndose del repiquetear de sus zapatos en el andar por ese corto camino hasta la primer puerta de madera lustrada de salida del edificio, que en esta ocasión estaba abierta. Cerca de allí divisó al encargado del edificio empujando unas bolsas y entendió el motivo.

Ahora si ya estaba al aire libre, solo restaba cruzar el porche.

Pensó en encender un cigarrillo, pero cambió de parecer. Sacó de su bolsillo la llave y abrió la última puerta. Controló, como era su costumbre, que quedara cerrada en forma automática. Demasiadas puertas, se dijo por lo bajo.

Caminó lentamente y se dispuso a cruzar la calle.

Algo le habría llamado la atención, un susurro, el viento, un aroma especial o vaya saber qué, pero miró hacia arriba, hasta la ventana del sexto piso donde vivía.

Se escuchó un chirrido de gomas, un golpe, el hombre del volante gritó. Había atropellado a alguien.

Juan yacía en el piso, inmóvil sobre el asfalto. Una espesa mancha roja relucía por el sol bajo su cabeza.

Antes de morir pudo ver al hombre que miraba por la ventana de su departamento. Se reconoció.

Sus últimos pensamientos recorrieron toda la cadena de eventos. En forma de preguntas. ¿ por qué me quedé mirando por la ventana, por qué no caminé más rápido, por que el ascensor no llegó más tarde, por qué no se detuvo y encendió un cigarrillo, por qué……? .

Juan, mirando por la ventana hacia la calle, imaginó una serie de sucesos que podrían caprichosamente ocurrir. Se quitó el abrigo, el saco y la corbata. Levanto el teléfono, marcó el número y con voz seca le comunicó a su jefe que no iría a la oficina ese día por razones de fuerza mayor.

O acaso ¿ no era suficiente todo lo que le había ocurrido en tan solo tres, cinco segundos ?.


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
03/07/14 | 18:45: Claudia Prieto (blog alas poéticas) dice:
Muy hermoso el cuento. Final muy ingenioso. Muy bueno.
claudiaarg22@hotmail.com
 
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